Si preguntamos qué buscan las personas en la vida podemos ver que está muy extendida la idea de la búsqueda de la felicidad. Si ahondamos en este concepto, también veremos que hemos aprendido muchas cosas en nuestra sociedad moderna que, observadas con detenimiento, representan un autosabotaje hacia nuestra armonía personal. La riqueza, acumulación de bienes, estimulación de los sentidos, llenar nuestra vida y tiempo con actividades, experiencias y conquistas. Entendidas como un fin, estas cosas contribuyen a mantenernos inquietos y siempre inmersos en una búsqueda.
Si no es con una búsqueda continua, ¿Qué necesitamos para ser felices? ¿Y si fuese algo distinto a lo que estamos acostumbrados en una sociedad principalmente de acción y actividad? ¿Y si fuese la paz?
En el Bhagavad Gita, uno de los textos más importantes de la filosofía hindú, se dice que no puede haber felicidad sin que haya paz, y que no puede haber paz si la mente está agitada. Añade también que para que la mente esté en paz, ésta debe descargarse de expectativas y frustraciones. Ya solo esto es una preciosa invitación a hacer introspección y ver si dentro de nosotros reconocemos esto como verdad para nosotros también.
Me gustaría introducir un elemento que nos puede ayudar en el camino hacia la paz interior. ¿Que hay en el corazón de la paz? Esta fue la pregunta que me guió en mi propia exploración en 2014 cuando estaba explorando estas cuestiones con mi profesor. Y la respuesta que vino fue…la aceptación. Una aceptación profunda, una aceptación total. Llegar a la aceptación y partir de ella antes de poner en movimiento otras fuerzas bien podría ser una gran llave en la vida. Nos ayuda a evitar juzgar, lo cual genera un gran desasosiego y sentimiento de separación y confrontación. Nos ayuda a no estar en una posición de resistencia, la cual genera una falta de fluidez y conflicto también. Como se dice en física, a mayor resistencia, menor conductividad. Por lo tanto a menor resistencia, mayor conductividad. Eléctrica, energética y de la vida misma.
¿Cómo puedo integrar la aceptación en mi vida?
Aceptar no significa permitir que se perpetúe algo injusto o que queramos que cambie. Significa empezar por aceptar que algo existe y no excluirlo de la realidad. Recordemos que expandirnos personalmente y en nuestra consciencia implica incluir cosas en vez de excluirlas. Esto nos pone en una posición muy especial, porque de esta manera no cargamos a nuestra mente de frustraciones y expectativas. Esto nos permite estar en paz.
¿Qué cosas prácticas puedo aceptar que me lleven a estar en paz?
Hay muchas si empezamos a explorar, pero podemos empezar por algunas muy cercanas. Aceptar nuestras emociones. Si acepto que estoy enfadado/a, triste o ansioso/a y dejo de resistirlo, esta experiencia podrá pasar a través de mi mucho más fácilmente y transformarse; si acepto mi situación en la vida y aquello que tengo alrededor y dejo de resistirlo si no me gusta, podré fluir mucho mejor y empezar a cambiar y transformar lo que necesite; si me acepto a mi mismo/a tal como soy y dejo de darme caña, entraré en un lugar mágico en el que podré fluir mucho mejor en mi vida y que la vida fluya mucho mejor a través de mi.
También puedo aplicar esto a los demás y al mundo. Aceptarlos y desde ahí poder construir. Antes de llegar a donde quiero estar, primero necesito aceptar donde estoy, estar en paz con ello.
